An image of women fighting over a dress.

No sé exactamente dónde y cuándo tiene lugar el nacimiento de las grandes bajadas de los precios. Hay quienes focalizan en España y se fijan en la rivalidad entre El Corte Inglés y Galerías Preciados, y otros miran al otro lado del Atlántico para señalar a Estados Unidos.

En España, vivimos el periodo de rebajas como un momento social, para quedar con tu grupo de amigas, hacerse fotos en los probadores y arrasar con la VISA. Económicamente, es el momento esperado por muchos para poder tener acceso a esos pantalones tan deseados a un precio razonable. Y todo ello viene marcado por las condiciones y la cultura del país.

Aunque  también tenemos consumidores online de diferentes perfiles.

Los que tenéis una tienda física, sois retailers y testigos de los bolsazos, sabéis que tenéis que escuchar a vuestros consumidores, aunque sea difícil entre tanto grito de “¡yo lo vi primero!”.

Y es que tanto si lo hemos vivido, como si nos lo han contado o lo hemos visto en Internet, existen muchos compradores descontentos con el trato o la profesionalidad recibida en su compra:

  • Somos conscientes de cuándo nos mentís, todos hemos probado a levantar la pegatina nueva sobre la etiqueta y descubriros.
  • No vamos con una calculadora bajo el brazo, por lo que no nos vamos a enterar del precio final si no nos lo decís claramente en vez de darnos solo el porcentaje de rebaja. Y si desconfiamos, nos echamos para atrás.
  • Nos hacemos un lío con tanta bajada de precio y nos perdemos después de haber visto siete precios diferentes en un mismo papel de escasos centímetros.
  • Estamos en rebajas, pero no todos los productos están rebajados y señalizados; y nos presentamos en el mostrador con un importe que no nos esperábamos.
  • Nos gusta el diseño atractivo y llamativo, caemos en él, pero no en las faltas de ortografía.
  • Queremos comprar cosas baratas, pero en buen estado.

Los ecommerce ponéis mucho empeño y lleváis meses trabajando en que vuestra tienda online sea usable y sencilla de cara a esta época del año e incluso después, pero también hemos tenido malas experiencias en la compra por Internet:

  • Nos hemos dado cuenta de que el importe que suman los productos se ha disparado en la plataforma de pago.
  • No queremos recibir mil impactos publicitarios en nuestras búsquedas por Internet.
  • Si hemos comprado ya una camiseta rosa, no queremos volver a ver esa camiseta rosa en nuestra pantalla.
  • Nos gusta que os acordéis de nosotros, pero no con la misma newsletter una y otra vez.

A los consumidores (todos lo somos en algún momento) nos encanta quejarnos, pero también tenemos lo nuestro:

  • Que la lucha por conseguir esos zapatos va incluida en el precio se da por hecho, pero no tiremos la ropa por los suelos.
  • Hagamos una lista de lo que necesitamos y de lo que no. Primero, para nuestro beneficio y segundo, para la salud de la persona que te atiende cuando vas a descambiar cien cosas.
  • Cuesta dos euros. Sí, está regalado, pero ¿lo necesitamos? Luego el armario no cierra y decimos que nos han incitado a comprar.
  • No volquemos nuestra ansiedad en la compra porque las rebajas terminan.
  • Pongamos nuestra dirección de envío completa y clara, no queremos marear al mensajero y encima echarle la culpa.

Si queremos saber más, podemos echar un ojo también a buenas prácticas para las redes sociales durante las rebajas.

Ya es bastante complicado respirar en las tiendas, intentar que la web no se caiga con tanta gente comprando y lidiar con consumidores impacientes, por eso pongamos de nuestra parte para que las rebajas sean algo agradable para todos. Para los que esperáis fuera de la tienda también 😉

¿Se os ocurre alguna buena práctica que ayude?

 

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